Desde la iglesia de Santiago, cuando ya el reloj marcaba que ya era un nuevo día, Sábado Santo, se abría la puerta lateral de Santiago para que se dispusiese a la calle los devotos de María,

Una hora antes, todos los hermanos habían participado en la hora Santa rodeando a María, que se situaba a los pies del altar de Santiago.

El sonido de las matracas en la Cruz de guía iba anunciado el paso del cortejo. Un elemento que sustituye las campanas del Jueves Santo hasta la víspera de la Resurrección, en señal de duelo por la muerte de Cristo.

Ponía la guinda a la jornada del Viernes Santo la cofradía de Buena Muerte desde la parroquia de San Agustín. La corporación fundada por el recordado Cayetano del Toro, que en este 2015 celebra el centenario de su muerte, volvía a impregnar a la ciudad de un velo negro esta jornada de luto.

 

El Jueves Santo, tras la celebración de los Oficios, la imagen del Señor fue trasladado al altar de la iglesia de Agustín para iniciar el rezo ante la imagen por parte de sus hermanos, participando en el rezo de las Cinco Llagas.

 

Viernes Santo y de Pasión, y desde la iglesia de la Merced la hermandad de las Siete Palabras efectuaba su Estación de Penitencia por las calles del Barrio de Santa María.

Antes de la salida, la penitencia ya organizada en el templo mercedario asistía a la oración y posterior bendición impartida por el director espiritual de la cofradía, el padre José Antonio Medina.

Esperaba su momento en su capilla anexa a la iglesia de San Lorenzo. Entronizada en su palio de Esperanza Elena Caro contaba las horas para acercarse a todos los que la quieren.

Y por fin era Viernes Santo. Un Viernes Santo que quedará en la memoria de todos. Un Viernes Santo diferente, porque ninguno es igual. Y eso se notaba en la cara de los hermanos de la Orden Seglar. Y es que no podían estar más dichosos de poder volver a su origen, al Viernes de Dolores. Aunque la alegría también se empañaba con la melancolía de no volver a procesionar en la Semana Santa de Cádiz.

Emoción y dolor. Eso es lo que ha vivido la cofradía de Expiración durante toda la Cuaresma, acentuándose en esta jornada de Viernes Santo.

 

De la satisfacción de celebrar junto a la Madre de la Victoria los 75 años de su llegada a la cofradía, se sumaba la tristeza de la ausencia de uno de sus hijos más queridos, Manuel Montero. Sus hijas siguen hoy con su legado en la cofradía, pero nadie puede evitar el dolor de no poder ver a quien se ha querido y se quiere tanto.

 

Sin duda, la tarde de este Viernes Santo será una tarde atípica. Será una Semana Santa que todos los cofrades deberán tener en el recuerdo. Será un Viernes Santo que deben marcar en el calendario para siempre. En este 3 de abril, la Orden de Siervos de María procesionará por última vez en la tarde en la que el Señor ha expirado.

La noche del Jueves Santo fue un día “de cuento”. Cuatro cofradías en la calle, cada una con una característica muy especial que las diferencia del resto. Por eso este día es tan especial en la Semana Santa de Cádiz.

Por tercera vez en esta Semana Santa se abrían las puertas de Santa Cruz. La penúltima vez, hacía apenas unas horas para la salida de la hermandad de Medinaceli.

Pero ahora llegaba el momento de recibir el Perdón de Dios. El que nos dio a todos los hombres “porque no saben lo que hacen”, y ahora tampoco sabemos qué hacemos. Y a pesar de eso, Dios es Misericordioso, y por eso nos sigue dando su consuelo y no nos abandona.

Si la cofradía de Afligidos abría en la tarde de Jueves Santo la Carrera Oficial tras salir de San Lorenzo, la hermandad de Descendimiento abría los cortejos de la Madrugada desde la misma iglesia.

Desde las once de la noche los hermanos iban llegando de manera escalonada al templo de la calle Sagasta, al mismo tiempo que lo hacía la cofradía de Afligidos.

El Cristo de Medinaceli avanzaba por las calles de Cádiz en la noche del Jueves Santo tras unos años de distintos cambios de horario, con la que la hermandad ha intentado encontrar un equilibrio de tiempo entre  la víspera y la ‘Madrugá’.

Un camino que iniciaba pasadas las diez de la noche desde la parroquia de Santa Cruz. Antes, en el interior de la iglesia, la cofradía se organizaba antes de realizar la estación de penitencia en la Catedral de Cádiz.

Es la devoción de Cádiz. De eso no hay duda. Por eso desde el Miércoles Santo ya había apostadas sillas en la calle Jabonería para coger un lugar privilegiado y ver cerca al Señor de Cádiz. A las ocho de la tarde de este Jueves Santo, las puertas de Santa María se abrirían un año más para que el Nazareno recorriese las calles de su ciudad.

 

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