Ya suma dos años. Dos años en donde Ella es la única. En su día, en el Viernes de Dolores, Servita ha vuelto a procesionar haciendo de las Vísperas el mejor anticipo de la Semana Santa que nos llega.

 

La celebración del triduo y la eucaristía antes de la salida procesional han ido anunciado la procesión de esta tarde en Cádiz.

 

Ya llegó la hora. Ya llegó el momento. Las puertas de Jerusalén ya esperan el momento de abrirse un año más para ver entrar Triunfal a Jesús en su burra. Pero antes, en las Vísperas, los cofrades comienzan a degustar la semana que se avecina con el mejor paladar.

Servitas reina su dúa, el Viernes de Dolores, y lo hace con la salida procesional de la imagen de María Santísima. En su paso espera ansiosa el momento desde el martes, cuando comenzó a celebrarse el quinario de Cuaresma.

‘Virgen del Valle’ sonaba en Santa Cruz y el cortejo postrero se ponía en la calle. Clasicismo y sobriedad eran las notas predominantes de la procesión que marcó el Sábado Santo y que, imprevisiblemente, contó con más pasos en la calle. Y es que las lluvias del pasado Martes Santo obligaron a dos hermandades a quedarse en la Catedral con la condición de que el Sábado Santo por la mañana volverían a sus respectivos templos. 

 

El Señor está ausente, muerto, y la Iglesia desnuda y oscura. El luto de la cristiandad comenzó ayer con un Viernes Santo que Cádiz vivió de forma vibrante. Las tres cofradías de la jornada salieron a la calle en cuidados cortejos que se movían entre la fiesta y el riguroso luto. Todas las hermandades de la jornada tenían como titulares a Cristo en la Cruz, pero el carácter de cada una marcaba la diferencia. 

 

La Iglesia conmemoraba el día del Amor Fraterno. Y precisamente eso fue lo que hubo en las calles de Cádiz: amor, devoción y fervor en las jornadas grandes de la Semana Santa, marcadas por las grandes devociones de Cádiz. Jueves Santo y Madrugá, marcadas también por el contraste entre lo sobrio, lo festivo y lo clásico. Porque, precisamente la primera que llegó ayer a la Catedral fue la hermandad clásica de la jornada.

 

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