Amor, devoción y tradición en el Lunes más mágico

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El viento de Levante deja disfrutar de una gran jornada cofrade
Procesiona el: 
Año: 
2017
Fecha: 
Lunes, 10 abril, 2017 - 23:45

El sol lucía radiante en esta joranda de Lunes Santo. El viento de Levante, sin embargo, seguía estando presente en la ciudad, aunque no con la misma fuerza que el Domingo de Ramos. 

En La Palma, en San Francsico y en El Carmen se notaba la emoción que envolvía el día. Hermanos que ya habían dejado de vestir su hábito pero que no querían faltar a su cita. Jóvenes que sueñan con cargar a su devoción en el hombro. Mujeres que no podían evitar que las lágrimas brotasen de sus ojos.

Y nervios, muchos nervios. En la calle de La Palma las sillas esperaban ser ocupadas desde antes del mediodía. En San Francisco se esperaba impaciente el momento de la salida de las dos cofradías de la iglesia de los Remedios. Y en La Alameda todo estaba a la espera de que se abriesen, por primera vez, las puertas del templo.

 

Y se abrieron, primero, las puertas de la iglesia de La Palma. A las 15.45 horas se plantaba la Cruz de Guía en la calle de La Palma mientras que el público aplaudía. En el interior de la iglesia hermanos como José Luis Ruiz Nieto, el pregonero Juan Mera, devotos como Javier Bancalero... nadie quería faltar a la cita con el Cristo Viñero.

Se estrenaba con la manigueta del paso de misterio Manuel Ruiz Gené, que no pudo evitar emocionarse cuando, con cuidado, ordenaba la complicada salida del paso de la estrecha puerta del templo. Emoción en sus ojos, como emocionante era admirar las nuevas cartelas del paso realizadas por Encarnación Hurtado. 

Una vez en la calle se levantaba el Crucificado mientras sonaba la marcha real por la Banda de la Victoria de León. Y los primeros pasos con la marcha Caridad para enfilar la calle de La Palma y llegar a la plaza Pinto acompañado por una larga penitencia.

Después era el momento del palio, donde el veterano Ramón Velázquez utilizaba las palabras justas para ordenar la maniobra a su cuadrilla. Y aunque después de más de 25 años Velázquez y María Santísima de las Penas ya se conocen, nunca le falta el respeto al palio herederado de la cofradía de Los Negritos de Sevilla. 

A las 17 horas la Virgen comenzaba su caminar por las calles de su barrio con los sones de la marcha Virgen de las Penas interpretada por la Soledad de Cantillana.

 

En el otro extremo, a las 16.45 horas salía desde El Carmen la cofradía del Prendimiento. Después de un tiempo convulso, la hermandad celebrana este Lunes Santo. Y es que por fin estrenaban el tallado del frontal del paso del Señor. Mucha ilusión para este proyecto que va tomando forma y que deberán continuar la nueva junta de gobierno que salga del próximo cabildo de elecciones. 

Los penitentes con capirote morado se iban disponiendo en La Alameda acompañado por el fraile carmelita Francisco Víctor López, que ha vuelto al convento para seguir dándole vida. 

Salía el paso del Señor con el viento de Levante soplándole a la cara y al son de la agrupación musical Sagrada Cena que interpretaba Agnus Dei engarzada con Virgen de la Estrella. Mientras, en el interior del templo, bajo la mirada de la Virgen del Carmen, Francisco García Palos ordenaba el movimiento del paso de palio hacia la puerta de la iglesia. Era el momento. Llegaba la hora. Mientras que los capirotes de color turquesa se sumaban delante de la Virgen para acompañar el palio en su estación de penitencia.

Salía a La Alameda mientras sonaba Victoria del Patrocinio interpertada por la Filarmónica de Conil mientras que en la iglesia de San Francisco ya estaba en la calle la Cruz de Guía del Nazareno del Amor.

 

El Nazareno Blanco salía de nuevo a la calle ante la atenta mirada de aquello que lo vieron nacer en los años 40 como Domenech o Llaves. Veteranía con juventud, con los pequeños paveros que formaban parte del cortejo del paso de misterio y de palio.

Sonaba la marcha Nazareno del Amor interpretada por Polillas a la salida en la plaza de San Francisco mientras se preparaba la salida de la Virgen de la Esperanza en el interior de la iglesia de San Francisco.

Poco a poco avanzaba el cortejo hasta que a las 18 horas salía la Dolorosa con una candelería que apenas duró encendida unos segundos. 

Pero no importaba. La hermandad ya estaba en la calle y le quedaba un largo discurrir por la ciudad en este Lunes Santo.

 

Elegante, como siempre, fue un año el cortejo de la cofradía de Vera Cruz. Que antes de su salida, como es tradicional, celebró el acto de traslado del Lignum Crucis al altar de la iglesia de San Francisco sobre sus nuevas andas.

En el interior sus hermanos vestidos de negro riguroso y el detalle del hábito marrón franciscano. 

También, dentro, el pregonero de la Semana Santa, Juan Mera, que se siente muy vinculado a esta cofradía, junto a familias ligada a la hermandad como los Grosso.

Todos viendo este momento mágico que les regala cada Lunes Santo.

El capataz Benito Jódar ordenaba la salida del imponente paso de misterio, obra del desaparecido Antonio Martín, al igual que el paso de La Palma. Un paso gradioso y una imagen gradiosa que invitaba al recogimiento.

Mucha penitencia tras la imagen del Señor y muchos penitente acompañando a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. En su palio, las "marías" llevaban una nueva alusión. Este año al 750 aniversario de la fundación de la Diócesis con Alfonso X, la imagen de Trinidad por su 50 aniversario o Amarguras, que también celebra sus bodas de oro. 

Su capataz, el joven Joaquín Cortés, ordenaba la complicada salida del paso de palio cuando casi a las 20.15 horas comenzaba a andar bajo el son de la Banda Maestro Enrique Montero de Chiclana después del canto de una saeta.

En ese momento, las cuatro cofradías del Lunes Santo ya estaban en la calle, aunque, minutos después, La Palma ya abandonaba la Carrera Oficial y se encaminaba hacia su barrio.

 

El Nazareno del Amor seguía camino a San Francisco para que el Señor y Nuestra Señora de la Esperanza viviesen su tradicional encuentro en la plaza de San Francisco.

En la capilla del Beato Diego esperaban ansiosos la llegada de los titulares del Prendimiento para recibirlos con una gran petalada  que emocionaba a todo el que lo veía.

Y Vera Cruz apagaba las luces en la recogida para vivir aún más el recogimiento de esta hermandad.

Se cerraba así en la madrugada del Martes Santo una maravillosa jornada de Lunes Santo.

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