Penumbra en el Lunes Santo para una hermandad de Oro

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La cofradía de Vera Cruz cierra los cortejos en el año que inicia la celebración del 450 aniversario
Cofradia: 
Procesiona el: 
Año: 
2015
Fecha: 
Lunes, 30 marzo, 2015 - 20:15

La hermandad de Vera-Cruz vive unos días de gozo. La corporación está inmersa en la celebración del 450 aniversario de su fundación, convirtiéndola en la más antigua de las hermandad que actualmente realizan su estación de penitencia en la Semana Santa de Cádiz.

 

Hace tan sólo 3 días, el Ayuntamiento de Cádiz le hacía entrega de la Medalla de Oro de la ciudad que esta mañana de Lunes Santo la propia alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, ha impuesto en el guión corporativo de la cofradía de penitencia.

A este importante galardón, se suma otro más que la hermandad de La Paz ha concedido a Vera-Cruz, su premio más prestigioso, el premio Emilio Bartus.

 

Además, también por la mañana la banda que acompaña desde hace 10 años a esta hermandad, Maestro Enrique Montero de Chiclana, interpretó una marcha compuesta para la hermandad del Lunes Santo.

 

Por la tarde, y tras la salida de la cofradía del Nazareno del Amor, los hermanos de Vera-Cruz ultimaron los detalles para la salida procesional que se iba a producir a última hora de la tarde.

 

A las 7 de la tarde todos los hermanos esperaban entrar en la iglesia de San Francisco en el patio del convento. Poco a poco, fueron tomando sus asientos los hermanos con hábitos, los servidores de pasos, monaguillos y penitencia.

 

Tras la procesión de las reliquias del Lignum Crucis y la lectura del Evangelio, se iniciaron los preparativos para iniciar la salida procesional que se produjo puntual, a las 19.40 horas, cuando las puertas de San Francisco se abrieron y la Cruz de guía se puso en la plaza de San Francisco.

 

Cuidando la máximo los detalles, el cortejo comenzó a salir a la calle en silencio y con orden, vistiendo sus hermanos el hábito negro con cinturón de esparto y el cirio verde.

 

El capataz de paso, Benito Jodar, ordenaba el movimiento del paso hacia la puerta “con mucho cuidado, y sin mecido”. A las ocho de la tarde, mientras sonaba el reloj de la iglesia, iniciaba el Santísimo Cristo de la Vera Cruz su camino hacia la Catedral en una magnífica tarde.

 

Un camino que observaba desde el interior de la iglesia el franciscano Ramón Estíbaliz, director espiritual de la cofradía, y los hermanos de la corporación José Luis Ruiz Nieto y Miguel Ángel Castellano.

 

A continuación los tramos de hermanos que acompañaban a Nuestra Señora de la Soledad, donde se observaban devotos de la imagen pequeños, que salían a la calle todos los cirios encendidos.

 

El impresionante paso de Nuestra Señora de la Soledad se preparaba para su salida junto a la capilla de la Inmaculada de la iglesia de San Francisco.

 

Con la candelería encendida, a las ocho y diez de la tarde el capataz del palio, Joaquín Cortés, preparaban ya la complicada salida del paso. Una candelería donde se podía observar los cirios “marías” con unos dibujos, entre ellos, con la imagen de Santa Teresa de Jesús y María Santísima de los Desamparados de la cofradía de Jesús Caído.

 

Con los cabos o maramas, la cuadrilla de cargadores sacaba el paso de palio casi a las 8 y 20 de la tarde mientras sonaba la Marcha Real.

 

Tras colocar las patas, comenzaron a sonar los sones de la primera marcha que acompañaba a la Dolorosa en su caminar por Cádiz.

 

El Lunes Santo ya estaba completo. 

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