Un Domingo de Ramos soñado

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El buen tiempo y el regreso de Las Penas conforman un día perfecto
Procesiona el: 
Año: 
2015
Fecha: 
Domingo, 29 marzo, 2015 - 23:45

Y llegó el día. Tras la cuenta atrás que empezó hace menos de un año, el 20 de abril, Domingo de Resurrección, este 29 de marzo se ha convertido en un día grande para los cristianos, y especialmente para los cofrades gaditanos.

Ni los más optimistas podían haber soñado con una jornada como la vivida este domingo: sol, buena temperatura, mucho público y cinco cofradías en la calle. No se puede pedir más.

 

La hermandad de La Paz, Despojado, la hermandad de la Sagrada Cena, Las Penas y la cofradía de Humildad y Paciencia realizaron su salida procesional sin incidencias.

 

La primera en ponerse en la calle fue la Borriquita desde la iglesia del Carmen. Una cofradía que celebraba el 25 aniversario de la concesión de título de carmelitana, que coincide, además, con el 500 aniversario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, la fundadora de la Orden de los Carmelitas Descalzos.

La Alameda se convirtió de nuevo en su particular Jerusalén para la imagen de Jesús de La Paz, que se observaba en su paso más adelantado que en otras ocasiones. Eso ha sido gracias a la redistribución de las imágenes después de colocar los nuevos candelabros de guardabrisas del paso de misterio.

Esta hermandad de nuevo mantuvo un discurrir en la calle acompañada por muchos niños, especialmente en los primeros tramos que acompañan al Señor.

 

Alegría que anunciaba la Pasión y que también abría el camino para el resto de las hermandades.

Al Amor y a Vera-Cruz, que esperaban el paso de Jesús de la Paz por la plaza de San Francisco.

Y Humildad y Paciencia, que en la iglesia de San Agustín esperaban los titulares de la cofradía la llegada del Hijo de Dios con las puertas abiertas. Y, como ya es tradicional, los dos pasos de la hermandad carmelitana giran para mirar hacia ellos.

 

Ya en Catedral, el hermano mayor junto a representantes del Consejo de Hermandades y Cofradías de Cádiz pedían la venía en la Catedral de Cádiz para poder hacer la estación de penitencia ante el Santísimo en el primer templo de la ciudad.

 

Tras un bonito paso por la Carrera Oficial, la hermandad visitó de nuevo a las Reparadoras, en la calle Zaragoza, que recibieron a la cofradía con sus cantos.

 

Pero donde fue recibida la hermandad con alegría fue a su paso por la calle Vea Murguía, delante de la capilla-oratorio de la corporación, donde  el nombre de su Dolorosa, Amparo, se leía en la fachada de enfrente mientras que caía una lluvia de pétalos de flores.

 

 

En el extremo opuesto de la ciudad, en Salesianos, a las 3 de la tarde, volvía a colocarse la Cruz de guía de la hermandad del Despojado en el patio del colegio que fundó Don Bosco.

Numerosos hermanos, más de 300, con sus hábitos blancos de cola, iban tomando su lugar en los tramos por el patio del colegio mientras que el capataz del paso, Joaquín Cortés, ordenaba a su cuadrilla el movimiento del paso hacia la puerta del pabellón.

 

De nuevo, numeroso público acompañó al Señor, no sólo en el patio del colegio, sino también en la avenida de María Auxiliadora en lo alrededores de San José.

El día, sin duda, propició que el paso por el Paseo Marítimo de la ciudad fuese aún más bello de lo habitual, aunque con los contrastes que nos ofrece Cádiz: hábitos, servidores de paso, cofrades y turistas preparados para bajar a la playa. Pero esa es la ventaja de este lugar, ofrecer una Semana Santa en donde hay cofradías y sol y mar.

 

Con su característico andar, el paso del Señor que estrenaba los candelabros de guardabrisas entraba en el casco histórico pasadas las cinco de la tarde camino a la Catedral.

 

Ya en el interior de la Carrera Oficial los sones trianeros de la banda de la Victoria de León acompañaron a la preciosa talla de Jesús del Amor, obra de Romero Zafra, acompañado por un soldado romano.

 

Un acierto el cambio de itinerario de la cofradía que no cogió por la calle San Francisco para poder llegar de nuevo a la zona de Extramuros, sino por la plaza de las Flores hacia la plaza de la Catedral y la plaza de San Juan de Dios de nuevo para llegar hasta las cuesta de las Calesas.

 

Y de nuevo su llegada a su barrio, a San José, fue grandioso, con numerosos cofrades esperando su regreso al pabellón del colegio Salesianos de Cádiz cerca de las dos de la madrugada.

 

Una hermandad joven que ya es añeja.

 

 

Por su parte, la hermandad de la Sagrada Cena, con un centenar de hermanos, puso un bonito cortejo en la calle revestidos con sus hábitos blancos.

Con un paso firme, la corporación entró en poco tiempo en la Carrera Oficial para subir a las nueve de la noche por la cuesta de la calle Novena.

 

Acompañado por una excelente banda de cornetas y tambores, que ya estuvo junto al misterio en la última celebración de la festividad del Corpus Christi, la hermandad mantuvo el estilo y el carácter que la junta de gobierno ha querido darle en los últimos años, consiguiendo una importante evolución.

 

 

La reincorporación de la cofradía de Las Penas al Domingo de Ramos provocó un pequeño corte, de una media hora, previsto por el Consejo de Hermandades. Y es que la hermandad tenía que tomar el túnel de Santiago para llegar a la Catedral de Cádiz, obligando a Humildad y Paciencia a retrasar su salida, a las siete y cuarto de la tarde, y entrar en la Seo tras ellos.

 

Curiosa fue la estampa que dejó la tarde donde su capataz general, Manuel Ruiz Gené, llevó en brazos a su sobrina y ahijada, María Estévez Ruiz, vestida con el hábito de los tramos que acompañan a María Santísima de la Caridad.

 

A un paso rápido, la cofradía intentó coger los minutos perdidos en la calle Santiago e ir acercándose a la hermandad de la Sagrada Cena para no hacer el corte tan largo entre corporaciones.

 

Sin duda, la hermandad ha sabido resurgir “de sus cenizas” tras ser intervenida y supo poner en la calle un cortejo que acompañaba al Señor y a la Dolorosa bajo un palio que lucía una bella Gloria. Los más afortunados, desde los balcones, pudieron disfrutar del sobre techo de palio diseñado por Juan Antonio Verdía.

 

A tiempo, y sin incidentes, la hermandad regresó a su hora a la iglesia de San Lorenzo, entrando el palio de la Virgen de la Caridad a la una menos cuartos de la mañana tras recibir una lluvia de pétalos de flores en la calle Sagasta, a pocos metros de la calle Armengual.

 

Cerró la primera noche de esta Semana de Pasión la hermandad de Humildad y Paciencia.

Elegancia y sobriedad para esta antigua cofradía que lució magnífica en esta noche donde la ausencia de viento permitió ver la candelería encendida en la mayor parte de su recorrido y observar el magnífico palio en el que procesiona Nuestra Señora de la Amargura.

 

Preciosa estampa nos dejó la noche  con el palio de la Virgen de la Caridad y la Dolorosa de la cofradía de San Agustín en la plaza de la Catedral. La primera, tras bajar por la calle Arquitecto Acero, y la segunda dispuesta a subir por la rampa de la Catedral de Cádiz.

 

Pasada la una de la madrugada llegaba el paso del Señor a la parroquia de San Agustín rodeado de numeroso público, que también esperaba la llegada la Virgen de la Amargura que andaba sus últimos metros con la marcha ‘Virgen del Valle’.

 

Un maravilloso día donde no falló nada. Ni siquiera el viento hizo acto de presencia dejando en la retina bellas imágenes de las candelerías con las velas casi gastadas. 

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