Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Montañés el prócer de la ciudad de Cádiz

Gaditano de pro, de padres gaditanos también, y soltero de oro, donó todo su patrimonio y sus grandes negocios a lo que él llamaba “su querida y pequeña ciudad”
Manuel Sánchez
10/01/2016
Cádiz

La calle Montañés une la gaditana plaza del Palillero con la plaza de Candelaria. Y recibe su nombre de Diego Fernández Montañés, el que fuera uno de los mayores benefactores de la ciudad.

Gaditano de pro, de padres gaditanos también, y soltero de oro, donó todo su patrimonio y sus grandes negocios a lo que él llamaba “su querida y pequeña ciudad”.

Nada más y nada menos que acometió las obras en el muelle de Cádiz para que los barcos no tuvieran que fondear en la bahía y pudieran atracar en lo que luego ha sido el muelle Alfonso XIII. Y mandó construir las casetas para almacenamiento de material, ya que antes se dejaba a la intemperie en medio del muelle.

Creó también la Caseta de Náufragos, que posteriormente sería la de Salvamento Marítimo. Creó una Escuela Civil Naval y además fue uno de los precursores del Monte de Piedad, donó 50.000 reales para que empezara su funcionamiento.

Pero una de las obras mas importantes que acometió Montañés fue la traída de agua a Cádiz. Antes la ciudad se abastecía de pozos y aljibes. Montañés compró con su dinero el manantial del Puerto de Santa María y desde ese momento gozamos de agua corriente. Además, acometió también la construcción del Muelle de Hierro de Puntales

Sería interminable la lista de beneficios para la ciudad que este señor propició. Cuando murió en Madrid, su testamento lo tenía el prestigioso bufete de abogados de Francisco Silvela. Y al llegar a Cádiz dicho testamento, el Ayuntamiento pretendió destinar el dinero que había dejado Montañés en otros fines que no eran los que especificaba en su última voluntad. Así pues, abogados y Ayuntamiento estuvieron 5 años pleiteando hasta que consiguieron que fructificasen los deseos de Montañés.

Un busto lo recuerda en los jardines de Canalejas absolutamente camuflado entre la muchedumbre existencial. El tiempo pasa de largo hasta para quien en su día entendió que amar su tierra no solo es alabarla y gozarla, sino también cuidarla y mejorarla por el bien común, sean cuales sean los bienes y métodos al alcance para llegar a ese fin. Sic transit gloria mundi Don Diego. Pero el ejemplo nunca morirá mientras haya quién este dispuesto a recordarlo.

 

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