Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Tunantes

Una palabra que nació en Zahara y cuyo padrino fue Miguel de Cervantes
Manuel Sánchez
18/12/2015
Cádiz

La vinculación de Cádiz con el atún es milenaria. O más bien trimilenaria. Sólo hay que echarle un vistazo a la fachada del Ayuntamiento de nuestra ciudad para comprobarlo. Una medallas, a imitación de las antiguas monedas fenicias, cuelgan de sus balcones rememorando con la silueta de los atunes que estos animales forman parte de nuestro ADN. Aunque ya no tengamos almadrabas en nuestra ciudad, hasta hace muy poco existían. De hecho fue en una de ellas donde se encontraron los famosos “duros antiguos” y desde época fenicia ya existen indicios de su presencia en Cádiz.

Por ende, todo lo relacionado con el atún tiene que ver con Cádiz. Tanto como el vocabulario. Y es en este terreno donde nos centramos hoy. Porque es de uso cotidiano en nuestro lenguaje una palabra cuyo origen esta en nuestras tierras.

Fue Miguel de Cervantes Saavedra quien, mientras visitaba nuestra costa recaudando impuestos para la Gran Armada, cayó en la almadraba de Zahara de los Atunes y al llegar se da cuenta que el trabajo de las almadrabas es un trabajo propio de temporeros, de gente apátrida, sin residencia fija. Esta visita le sirvió de mucho porque en ella basó una de sus novelas “La ilustre fregona”.

Y al calor de este movimiento de personas y de dinero, acudían otras gentes de mal vivir, prostitutas, feriantes… Con lo que se creaba un microcosmos de fiesta, trabajo, y personajes que al acabar la temporada migraban a otro lugar. Gentes en constante cambio, como los atunes. Y a esta gente los denominó “tunantes”. Y hasta el día de hoy. Una palabra que nació en Zahara y cuyo padrino fue Miguel de Cervantes. Casi ná.

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