Cádiz, el carnaval y la guerra civil

Santiago Moreno (Cádiz 1978), es un investigador inquieto que ha impulsado rutas guiadas por Cádiz para recorrer los sitios donde sucedieron los hechos mas significativos acaecidos durante el 18 de Julio de 1936, y las cuarenta y ocho horas posteriores
Manuel Sánchez
25/10/2015
Cádiz
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Esta ciudad cuenta desde hace un tiempo con numerosas compañías de arte escénico que teatralizan, por medio de rutas guiadas, momentos históricos de relevancia de la ciudad y explican las numerosas civilizaciones que dejaron sus huellas en nuestro suelo. La cultura ha de sacarse de las aulas para llevarla de una manera más lúdica a las calles.

Pero además, en esta nueva manera de enseñar deleitando, también hay quien apuesta por sacar a la calle la investigación y enseñarla. Es el caso de Santiago Moreno (Cádiz 1978), un historiador gaditano que en Julio leyó su tesis para el doctorado sobre “El Carnaval silenciado: Golpe de estado, guerra, represión y dictadura en el febrero gaditano 1936-1945” y no quería que esos conocimientos quedasen en los círculos de la intelectualidad y las paredes de la facultad. Y para ello diseñó con su grupo de investigación la manera de transferir esos datos a un público más general creando el proyecto “1de3000historias”, que tiene como inicio la ruta “Cádiz y la Guerra Civil”. Esta ruta no es ni más ni menos que una semblanza de lo que ocurrió en Cádiz el 18 de Julio de 1936 y las cuarenta y ocho horas posteriores. Desde los cuarteles de La Bomba donde se sublevan las tropas, y la liberación en Santa Catalina del General Varela, y como recorren esas tropas hasta la plaza de Argüelles, donde leen el bando de guerra, que fue recibido con abucheos y disparos por los gaditanos. A partir de ahí, el asedio de lo que hoy es Diputación, la muerte del corneta Soto… en un marco en el que prácticamente no ha cambiado nada. Sólo hay que contactar con él en su correo: 1de3mil@gmail.com. O llamando al 690298902.

La ruta acaba pero Santiago no. Recordando el título de su tesis, los meses siguientes al golpe se confirman como lo que los historiadores llaman una época de “terror caliente”. Sin una cabeza que rigiese ni ordenase, se da rienda suelta a los rencores, envidias, delaciones y deudas atrasadas en un descontrol “controlado” que se ceba directamente con el Carnaval.

Lo que hoy conocemos por carnaval es un producto edulcorado de lo que la época republicana ofreció en plenas libertades. Sólo la calle ofrece una pizca de ese sabor. Nos escandalizamos hoy por lo que antes se ruborizaba el público. El atraso es evidente. Y las letras lo demuestran, algo que le pasó factura a la fiesta.

Una vez llegados al poder, los golpistas se cebaron con los comparsistas en unos índices que para Santiago son escalofriantes. Casi el 20 o 30 por ciento de los carnavaleros fueron represaliados de alguna manera, llegando en muchos casos a la muerte y en los más exagerados, hasta a la desaparición de los cuerpos que aún hoy no han sido encontrados. Autores y sus componentes fueron encontrados, por ejemplo, en la Plaza de las Viudas con varios tiros en la cabeza. Fue la Murga de Puerta Tierra, proveniente del barrio de San José, una de las mas perjudicadas por sacar años antes “El frailazo y los tragabuches” un segundo premio que gustó al público, pero no a la prensa, que la boicoteó y no olvidó su descaro frente a la Iglesia.

Decir lo que se piensa y tener la libertad de hacerlo es un deber que no podemos desperdiciar. Y el Carnaval debe ponerse al nivel de lo que fue, para recuperar como lo hacen las rutas, la idea de que hay que enseñar deleitando.

 

 

 

 

 

 

 

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