Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

''Un ave del paraíso''

Marcelo Bellantig nació para tocar en Cádiz. Nunca quiso dejarse llevar por los cantos de sirena de ciudades mas turísticas, ni por esquinas productivas. Su música encuentra su sentido en las calles de la capital, bajo la mirada de los que pasean por la Plaza de la Catedral
Manuel Sánchez
5/09/2014
Cádiz

La cuerda se hunde en la guitarra. Una uña fuerte pero delicada bordonea en una mano ajada por el sol y el frío. El sonido, profundo y sincero, se esparce desde el vientre del instrumento para abrir el plano y contemplar a un músico que toca en la Plaza de la Catedral. Los silencios entre las notas funden en una armonía hecha a medida para este lugar. Mientras, el “Pájaro”, como así le gusta que le llamen, se posa sobre una frágil banqueta cruzando una pierna sobre otra para mantener un equilibrio estético a la altura de la Piedad del maestro italiano Miguel Ángel. El “Pájaro” cierra los ojos y vuela.

Marcelo Bellantig (Argentina, 1947) nació para tocar en Cádiz, como él mismo reconoce. Nunca quiso dejarse llevar por los cantos de sirena de ciudades más turísticas, ni por esquinas productivas. Su música encuentra su sentido en las calles de Cádiz. Tampoco se deja seducir por los escenarios. Su público es el mundo, no quien pagó una entrada. Reconoce que le excita más contemplar a un niño recibiendo por primera vez una pulsión artística, o un anciano exiliado de los bares donde campan a sus anchas artistas de foulard y gafas de pasta. El “Pájaro” no es un músico cualquiera. El “Pájaro” no toca solo por dinero.

Cada mañana, se dirige a su “oficina” en una esquina de la Plaza de la Catedral donde vuela mientras toca, buscando desde el cielo esa “calidad de vida” de la que tanto presumimos. Y la encuentra sin pedir nada a cambio. Porque el “Pájaro” no pide. Acepta lo que le dan sin moverse de su sitio en busca de otros caladeros. Y negocia a la baja sus discos, donde el precio lo pone el comprador, no el vendedor.

Y no crean que el “Pájaro” no sabe de grandes escenarios ni de éxitos en loor de multitudes. Hace poco y en colaboración con otra artista flamenca gaditana, Leo Power, atravesó volando el charco para presentarse en su tierra con el espectáculo “Tangonautas” en el Festival de Música más importante de Latinoamérica, el Festival de Cosquín. Y lo hizo representando a España en su tierra con una mezcla de la miel del tango argentino y la calidez desgarradora de la voz flamenca.

Pero como las golondrinas, el “Pájaro” siempre retorna a su esquina, en una migración que vuelve todas sus mañanas en una primavera constante. Con la humildad del que sabe donde está el placer y la felicidad, abre su baqueta, despliega la funda de su guitarra en el suelo, afina, cruza una pierna sobre otra y regala los acordes que ya son la banda sonora de ese rincón gaditano, mientras una colmena de gritos, balones botando y cupones de los ciegos se entremezclan dejando al “Pájaro” en un mero brochazo de ese collage multivital que es una tarde en la Catedral. Si tienen ocasión y lo ven, felicítenlo. Pero no solo por su música, sino porque ha encontrado la felicidad.

 


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