Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Agosto del 47, cuando Cádiz conoció el infierno

Hay momentos de la vida que se quedan clavados en la memoria como una instantánea. Bloqueados, quietos, inertes y en silencio. Son retazos de un total que no se quiere recordar, y que sirven de advertencia de lo que fue y de lo que pudo ser
Manuel Sánchez
20/09/2019
Cádiz

Como una espiral de fichas de dominó, el mal sueño de la Guerra Civil dio paso a una posguerra de pesadilla. La España de finales de los 40 se debatía en su apertura al exterior o la autarquía más caduca, a sabiendas de que el mundo entero miraba atentamente a una nación que había tendido gustosamente la mano a las desaparecidas y fascistas naciones del Eje.

Como aquel que nada y guarda la ropa, los intentos aperturistas se mezclaban con la desconfianza hacia los vencedores, de los cuales se pensaba que podrían aprovechar para devolver España a los republicanos con una inminente invasión.

Quizá fue por eso por lo que en Cádiz se hizo acopio de una ingente cantidad de minas, cargas de profundidad y torpedos. El alto mando español entendía que una posible intromisión en el estado español se lanzaría por la costa sur atlántica desde Marruecos. Cádiz sería por tanto, por su importancia estratégica y naval, un objetivo primordial. Y esas minas y contraminas servirían para detener de alguna manera esa ofensiva.

Todo ese armamento provenía del sobrante de la Guerra Civil. Pero también de la Segunda Guerra Mundial. En Julio de 1943 llegaron a la Base de Defensas Submarinas de Cádiz cincuenta cargas de profundidad alemanas del modelo WBD. Casi todas tenían explosivos controlables. Es decir, explosivos que alejando sus detonadores no tenían porque explotar. Pero no se controló estas cargas de profundidad alemanas, que contenían algodón pólvora (también llamada nitrocelulosa) en una cantidad de 125 kilos por carga de profundidad.

El algodón pólvora tenía la característica de no provocar humo, por lo que no delataba al enemigo. Pero claro, el algodón y la pólvora son productos naturales y caducos que fermentan y se descomponen con el calor.

El resto es historia. Fue la amistad con la Alemania Nazi lo que detonó la ultima ficha de dominó de la espiral de desgracia gaditana. Y gracias a José Antonio Aparicio y a Miguel Ángel López Moreno (los mayores investigadores de la desgracia) tenemos una conclusión de lo que pasó. Conclusión que no se supo hasta hace muy pocos meses y que este domingo 22 a las 21:30 en Zona Historia desvelaran sus invitados. Por cierto, en Onda Cádiz Televisión.


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