Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

“El Bucentaure”

El mar se traga la historia en una ciudad como Cádiz, que no solo reconoce su patrimonio histórico terrestre. Algún día veremos salir a tierra de nuevo, los restos del buque insignia de la Armada Francesa
Manuel Sánchez
3/08/2014
Cádiz

El 8 de Octubre de 1805, el camarote principal del Bucentaure se abría para dar cobijo a una reunión de máximo nivel. De parte francesa Villeneuve, Dumanoir y Magon, y su cohorte de oficiales. De parte española Gravina, Churruca y Alcalá Galiano, Escaño y Cisneros. Fondeado en las tranquilas aguas de la bahía, la turbulencia la ponía el motivo. La flota de Horatio Nelson se acercaba inminentemente y darles encuentro era inevitable. Solo se discutía el momento.

Escaño actuó de portavoz y propuso un aplazamiento del envite. “Los barómetros bajan. El invierno se recrudece en alta mar y ese desgaste provocará bajas en la flota inglesa. Nosotros estamos a buen recaudo en puerto. Solo hay que esperar.” Eran las palabras del general Escaño, tranquilas y consensuadas por unos marinos que recogían todo el saber de la que hasta el momento era, al menos en experiencia, la mejor marina del mundo.

Del otro lado, la Oficialidad francesa, sin experiencia y con un ascenso meteórico producto de la Revolución, era un mar de quejas ante la pasividad española. “Los termómetros bajan”, insistía Escaño. “Aquí lo único que baja es el valor”, apostilló el francés Magon que elevó los niveles de tensión. Se procedió a una votación y por mayoría se decidió esperar a tener mejor tiempo.

La noticia no gustó a Napoleón. Rápidamente, mandó al Almirante Rosilly a sustituir a Villeneuve. Y Villeneuve, que no quería perder el favor de Napoleón, se apresuró a salir de Cádiz y afrontar la incierta batalla fueran cuáles fueran las condiciones meteorológicas. El catastrófico resultado es de todos conocido.

El Bucentaure se rindió y los ingleses abordaron el navío. Más tarde, la tripulación se rebeló y volvió a tomar el mando de una nave, que ya sin velas y sin posibilidad de dirigirse, se dejó a la deriva intentando que el azar y los esfuerzos de sus marineros la llevaran hasta Cádiz. A la altura del Chapitel, frente a la Caleta, tras un impacto en el Castillo de San Sebastian, el Bucentaure fue hundiéndose poco a poco.

No hace mucho, los arqueólogos del C.A.S. han encontrado restos de cañones y del navío, que reposa en la tranquilidad del fondo marítimo de la Caleta. El mar se traga la historia en una ciudad como Cádiz, que no solo reconoce su patrimonio histórico terrestre. Algún día veremos salir a tierra de nuevo, los restos del buque insignia de la Armada Francesa, el Bucentaure.


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