Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Cádiz, ciudad sin ley

La masiva concentración de los habitantes en unos espacios cada vez más reducidos en la ciudad , la relajación de los castigos a los maleantes por parte de un aristócrata italiano encargado de hacer respetar las leyes, y las riquezas surgidas con la llegada de la Casa de Contratación hicieron del Cádiz del siglo XVIII una auténtica madriguera de malhechores que campaban a sus anchas como algunos viajeros apuntaban en sus diarios
Manolo Sánchez
19/05/2017
Cádiz

El siglo XVIII en Cádiz fue un siglo muy “interesante” según los historiadores. Cádiz se circunscribía solo al casco antiguo y contaba con una población de unos 120.000 a 140.000 habitantes. Es decir, más población que la Cádiz actual concentrada en un espacio mucho menor. Allí era normal que hubiese gente de todo tipo y ralea, como por ejemplo numerosos viajeros románticos, que vinieron a la ciudad buscando ese esplendor y esa riqueza que se decía que tenía la París del Sur, que es como se le llamaba a nuestra ciudad.

Pero también hubo muchos maleantes que buscaban medrar de la manera más rápida posible en un emporio como el que ofrecía la Casa de Contratación. En 1775 la policía de la ciudad no daba a basto para atender las necesidades de los ciudadanos que se sentían acosados por los maleantes. La comandancia de la policía se dejó en manos de un conde de ascendencia italiana, Serena de Bucarelli, del que se dice que era clemente y piadoso y que resolvió, adelantándose a su tiempo, que ningún castigo debía tratarse con la pena de muerte.

Esta medida abrió la veda a los maleantes. Así, los viajeros ingleses relatan como en las paredes de las calles de Cádiz podían leerse carteles que decían algo así como “No molestes a un ladrón, no le obligues a tomar su puñal y utilizarlo en un innoble arte” .

Andaban pues a sus anchas los ladrones y parece ser que alguno de estos viajeros ingleses sufrió en sus carnes tal violencia, pues describen a la policía gaditana como la peor de Europa, incapaz de parar semejante oleada de crímenes.

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