Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Cádiz y el origen del toreo a pie

El 11 de Junio de 1661 en la plaza de San Antonio se organizó una corrida en la que surgieron la aparición de vaqueadores (picadores) e indica que se iniciaba una nueva forma de torear para un público distinto, y en los que no hay cañas, caballeros, ni se nombran diputados
Manolo Sánchez
14/12/2018
Cádiz

La unión de los pueblos ibéricos con el toro es tan antigua como la propia existencia de ambos. De esa convivencia nació lo que vino a llamarse las Fiestas de Toros y Cañas, que derivó en lo que hoy reconocemos como rejoneo.

El toreo era a caballo. Una suerte de nobles que no podía desempeñar cualquiera. Y digo esto porque cualquiera no era poseedor de un caballo y, por lo tanto, no era caballero. Esto era similar tanto en Cádiz, en Jerez, o en Sevilla, triángulo de necesidad de cualquier folclore andaluz. Pero no se sabía aún nada del toreo a pie.

Mientras tanto (hablamos del siglo XVII) en Cádiz va naciendo una clase social distinta, comerciante, burguesa que va dirigiendo el camino de la ciudad por un sendero distinto al del resto del España.

El 11 de Junio de 1661 se presenta en el Ayuntamiento una petición por parte de Manuel Díaz Henriquez para “atajar las bocas de las calles y hacer tablados… repartiendo sitios a las personas que quisieran contribuir con alguna limosna que se ha de aplicar para ayuda a la fábrica de la iglesia nueva”. Es la petición para unos juegos de toros (que pretendían sufragar los gastos de la Iglesia de San Antonio) en los que no hay cañas, caballeros, ni se nombran diputados. Es un espectáculo financiado por el espectador.

Este espectáculo era algo nuevo. En Cádiz el rejoneo se hacia en la Plaza de la Corredera, actual plaza del Ayuntamiento. Allí, y ante las personalidades distinguidas, es donde se rejoneaba. El hecho de que surja una nueva segunda plaza que invierte todas las características de organización, asistencia y arte, además de la aparición de vaqueadores (picadores) indica que se iniciaba una nueva forma de torear para un público distinto, que se apropiaba la fiesta y de la que quería ser participe, no solamente espectador.

A partir de esta fecha, 11 de Junio de 1661, una serie de enfrentamientos del Cabildo de la ciudad con el gobernador, el obispado o el llamado “pleito del dosel” nos irán informando del nacimiento del toreo en Cádiz, en la plaza de San Antonio.

Esta información no sería posible sin la tenaz investigación de Guillermo Boto Arnau, la cual nos la deja en su libro “Cádiz, origen del toreo a pie (1661-1858)”.

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