''Címbalo''

Si pasean por las calles de Cádiz y son asiduos a la calle San Francisco, se habrán percatado de un músico que pone su lugar de trabajo en la esquina de la Iglesia de San Agustín. Un músico distinto con una larga historia a sus espaldas. Es el músico del címbalo
Manuel Sánchez
26/10/2014
Cádiz
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Darie Pipica (Turnu Magurele, 1972) es un músico rumano que llegó a Cádiz buscando un clima similar al de su patria. Se caracteriza del resto de músicos de la calle porque tiene una especie de instrumento de cuerda que se toca con un par de mazos en ambas manos, golpeando las cuerdas para hacerlas sonar. Una especie de salterio pero de mayor tamaño. Es la misma estructura de un piano, se afina como un piano y utiliza las mismas cuerdas que el piano.

Darie nos cuenta que es un instrumento muy utilizado en la música de países como Hungría, Rumanía, Eslovaquia y Ucrania, y hasta en la música persa iraní, donde es conocido como 'santur'.

Aprendió a tocarlo en Rumanía con uno de los grandes maestros de su tierra, pero falleció al poco tiempo de empezar. Siguió por su cuenta tocando en clubs nocturnos y de ahí pasó a orquestas de música tradicional de importancia, acompañando a bailarinas. Siguió formándose con maestros de la talla de Bangó Gyula y Mykhaylo Zakhariya y llega a conocer a músicos de la categoría de Stevie Wonder o Noa. Eso le lleva a empezar su periplo por todo el mundo llegando a tocar en Japón, país del que ''salió huyendo por lo correcto que era todo''.

Y buscando el calor recae en Ibiza, y más tarde en Cádiz, de donde ya es un asiduo. Aún así, viaja por toda España según lo requieran: Salamanca, Madrid o Córdoba. 

Su repertorio es amplio. Desde la música tradicional rumana, hasta Chopin y Bach o cualquier tipo de soul, blues y jazz. Acostumbrado a acompañar a muchos músicos que lo requieren, hace poco tuvo la oportunidad de conocer a la cantante española India Martínez, que asombrada de su habilidad, le propuso compartir estudio de grabación y tocar varios temas juntos.

Un músico atípico que podemos disfrutar cualquier tarde de paseo gaditano, solo hay que pararse a escuchar y entender que detrás de todo músico hay una historia, y en muchos casos, espectacular e interesante.


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