Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Castigo sin puerto franco

La muerte de Antonio del Hierro y Oliver, general gobernador de la plaza, se tomó como excusa para que se le quitasen a Cádiz ese privilegio
Manolo Sánchez
24/02/2017
Cádiz

Fue un 3 de Marzo de 1831, en el cruce de calle de la Verónica con la calle de la Carne. Don Antonio del Hierro y Oliver, general gobernador de la plaza, era asesinado a manos de unos malhechores encapuchados. Se decía que el gobernador era un terrible ejecutor de las ordenes de represión y persecución que desde la  Corte de Fernando VII se dictaban. Era la llamada “Década Ominosa” o la segunda restauración del absolutismo, en la que se abolió todo el concepto que nos dejó la Carta Magna. Y esa represión, más en Cádiz, ya que nuestra ciudad nunca fue precisamente el ojito derecho del monarca.

El cadáver estuvo en el suelo sin que nadie lo tocara bastante tiempo, debido al miedo a que se provocase una revuelta. Como todos los asesinatos relevantes por ser un escándalo público, se buscó rápidamente al autor. Éste fue un camarero de “El Café del Correo”, que fue declarado culpable junto con otros, y que fue sentenciado a garrote vil, después de que le quemaran la mano derecha con azufre, según nos cuenta Adolfo de Castro.

El “Café de Correo” había llevado con orgullo el hecho de que había proporcionado trabajo a excombatientes que estuvieran tullidos o incapacitados para los servicios que podían prestar. Sea como fuere siempre fue un lugar reconocido por su talante liberal, donde se fraguaban famosas tertulias en las que asiduos oradores y diputados como Mexía Lequerica lo frecuentaban.

Esta muerte se tomó como excusa para que se le quitase a Cádiz el privilegio de ser puerto franco. Se concluyó que la acción formaba parte de una conspiración liberal promovida por el General Torrijos desde Gibraltar, que pretendía que hubiera un levantamiento en la Bahía tanto militar como popular. Este alzamiento fracasó y sus impulsores fueron ajusticiados. Además, la ciudad fue también castigada a su manera. El gen rebelde de nuestra ciudad se tuvo en cuenta para ese castigo ejemplarizante, por lo que se emitió un decreto por el cuál se anuló su categoría de puerto franco. Tras la caída del comercio con América, era una salida para que la ciudad no notase el bajón económico. Por eso el castigo, más que ejemplarizante, se puede tildar de sádico. A Cádiz siempre se la castiga donde más le duele.

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