Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Dolmen de Alberite

Mediante la prueba del Carbono 14 se pudo determinar que pertenecían al siglo XLIII a.C. Es decir, hace unos 6.000 años, siendo uno de los más antiguos de la Península
OCádizDigital
8/09/2017
Cádiz

Una actitud natural de cualquier persona que día a día pasa desapercibida, y es un error de concepto, es entender que la historia es lo que viene en los libros. Digo esto porque es de común entendimiento que Cádiz nació como localización en el mundo en el 1100 a.C. Y claro, casi nadie se pregunta si cuando llegaron los fenicios aquí había alguien, como si esta ciudad naciese por arte y gracia de los de Tiro.

Evidentemente, los fenicios vinieron a estas tierras a comerciar. Luego hemos de entender que algún tipo de asentamiento ya existía aquí, con sus nativos.

La historia oficial propone como punto de partida la fundación de la ciudad por los fenicios, proponiendo éste y los demás pobladores siguientes como paradigmas de nuestra idiosincrasia y olvidando que antes que ellos había pobladores que también dejaron sus huellas.

El dolmen de Alberite se descubrió allá por el año 1993 mientras unos jornaleros araban la tierra. Se encuentra en los Llanos de Villamartín y gracias a los restos de unas hogueras en su interior --y mediante la prueba del Carbono 14-- se pudo determinar que pertenecían al siglo XLIII a.C. Es decir, hace unos 6000 años, siendo uno de los más antiguos de la Península.

Se le supone un carácter funerario. Se trata de una estructura de 20 metros de longitud por 2-4 metros de anchura. En su interior se encontraron los cuerpos de un hombre y una mujer inhumados con la cabeza afuera. A su alrededor, hachas, azuelas, gubias, huesos y cuentas de collar, una paleta con restos de ocre y una piedra de cuarzo de 20 cm. que otorgaba prestigio y se le presuponían funciones protectoras. En las paredes se pintaron figuras geométricas y antropomorfas, soles, serpientes que pretendían otorgar protección.

No es una construcción aislada. Relativamente cerca se encuentran más construcciones de este tipo. Es del mismo tipo, dimensión y fecha que las grandes construcciones megalíticas bretonas del norte continental. Podríamos suponer que ambos pueblos elaboraban monumentos de fundamento espiritual similar en las mismas fechas, entendiendo así que tendrían presupuestos religiosos análogos. Esto implica una relación cultural entre los pueblos europeos. Hay incluso quien sugiere que el propio nombre de Cádiz no proviene del Gadir fenicio. Estos nombrarían a la ciudad que encontraron aquí como ya se la denominaba entre sus habitantes: cathir. Un vocablo que en gaélico significa también “ciudad amurallada”.

Sin embargo para la sociedad no existe. Ni siquiera para los organismos. Se construyó un centro de interpretación hace unos años que está en desuso y en ruinas. El dolmen esta pintado y lleno de graffitis. La cubierta que lo protege costó en su día 55 millones de pesetas. Pero no interesa. Porque estas construcciones de los habitantes primigenios de nuestras tierras no nos aportan identidad cultural. No se repara, no se financia, no se investiga. No interesa.

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