Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El Conde de Cotoca

Este jueves hablaremos de un insigne gaditano, poco conocido desafortunadamente para él, ya que fue un hombre relativamente importante en el mundo de la medicina. Santiago María del Granado y Navarro Calderón, primer Conde de Cotoca, recorrió algunas de las más lejanas zonas de América del Sur inoculando la vacuna contra la viruela
Manuel Sánchez
1/01/2015
Cádiz

En 1796, Edward Jenner descubrió casi por casualidad la vacuna contra una de las enfermedades mas mortíferas que hayan existido, la viruela. A partir de ese descubrimiento hubo varias expediciones filantrópicas destinadas a erradicar un virus que hacia estragos en todas partes del mundo, sobre todo en Suramérica.

Desde 1803 hasta 1814, Francisco Javier Balmis llevó la vacuna de la viruela por el continente africano en un intento de paliar los destrozos que los conquistadores españoles habían causado en la América del Siglo XVI. Avalado por el Rey Carlos IV, que pagó con dinero de la Corona la expedición, se intentó que en todos los lugares del Imperio Español se erradicara dicha enfermedad.

Toda la relevancia se le da a Balmis, pero la historia olvida a un gaditano insigne que ayudó y paralelamente actuó también contra la viruela, concretamente en el Virreinato de Méjico. Santiago Granado, estudiante del Real Colegio de medicina y Cirugía de Cádiz, llegó a vacunar a unas 45.000 personas sin ningún tipo de coste para la Corona Española, siendo él mismo quien sufragó los gastos.

Cuentan las crónicas de la época que hasta el Virrey y su hijo se negaron a vacunarse al resultarle todavía un experimento raro eso de que le inoculasen a uno la enfermedad para prevenirla de ella. Tanta relevancia tuvo la labor de Granado, que en medio de la invasión napoleónica, se le premió concediéndole un título nobiliario, el de Conde de Cotoca.

Todo un prohombre de esta ciudad que cayó en el olvido injustificadamente.


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