Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El Conde de Maule, el gran coleccionista artístico de Cádiz

En la “Casa Oviedo” de la plaza de Candelaria, el aristócrata reunió mas de 300 obras de autores inmortales como Rembrandt, Durero, Murillo, Velázquez y que perdió su endeudado nieto, Joaquín Aymerich de la Cruz, tras malvender la casa, la extensa, y rica biblioteca, y las pinturas
Manolo Sánchez
28/09/2018
Cádiz

El Conde de Maule es uno de esos gaditanos del siglo XVIII, que sin haber nacido en nuestra ciudad, se identificó con ella y le devolvió el esplendor que esta donaba a todo aquel emprendedor ilustrado que tuviera luces en el siglo del mismo nombre.

Menor de quince hermanos y natural de la región de Maule en Chile, Nicolás de la Cruz y Bahamonde reside desde muy joven en Cádiz estableciendo una relación comercial con su país natal favorecida por su amistad con Ambrosio O´Higgins (que fuera gobernador de Chile y Virrey del Perú). De tal amistad surge la opción de acoja en su casa en Cádiz a su hijo Bernardo y lo tutorice. De aquí nace una amistad inquebrantable que sufre cuando Ambrosio le pide a Nicolás que expulse de su casa a Bernardo por su amistad con Francisco de Miranda, revolucionario y a la postre germen de los pensamientos nacionalistas sudamericanos.

Habitaron en diferentes casas en Cádiz, aunque la más conocida estuvo en lo que hoy es la “Casa Oviedo”, en la plaza de Candelaria. Una casa que prácticamente fue un museo, ya que gracias a la bonanza de sus propuestas comerciales, Nicolás pudo invertir su dinero en su pasión, la pintura. De la extensa crónica Viaje de España, Francia e Italia se advierte que fue un viaje de carácter antropológico y cultural donde anotó con gran viveza pensamientos e ideas sobre pintores y obras, incluso encargando obras en los paisajes mas notables de la singladura.

Esto hizo posible que el Conde de Maule atesorase en Cádiz unas de las bibliotecas y pinacotecas más laureadas de España. Sabemos que en esa casa se recogieron mas de 300 pinturas de autores como Rembrandt, Durero, Murillo, Velázquez. Un gabinete que hoy sería la gran joya de la ciudad, si no fuera porque su nieto, Joaquín Aymerich de la Cruz, agobiado por las deudas malvendió tanto la casa, como la biblioteca y las pinturas.

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