Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El desastre del 98

Acostumbrada durante siglos a ver barcos zarpar llenos de ilusiones y volver cargados de un universo de olores y sabores que el comercio nos prestaba, Cádiz asistió por partida doble al dolor y la resignación del fin de un mundo que se les acababa y que no les pertenecía
Manuel Sánchez
24/06/2016
Cádiz

El desastre del 98 y la pérdida de las últimas colonias de ultramar la propició una España que se resignaba al avance de los tiempos y al cambio de una sociedad anclada en los cimientos del Quijote que luchaba contra los molinos solamente con su soberbia y su pasado.

Cádiz asistió al espectáculo acomodada en el maravilloso cine de verano de su Alameda. Soldados harapientos y enfermos que habían conseguido la proeza de llegar con vida a costas españolas, ya que las fiebres hicieron el resto que no consiguieron rematar los yanquis. Fueron unos 220.000 soldados los que España mandó para defender las colonias. La mayoría de ellos de clases populares. Los pudientes pudieron librarse de la contienda pagando 2.000 pesetas de la época o pagándole a otro para que fuese en su lugar. Al desembarcar este ejercito humillado, que contrastaba con el que se fue, y cuentan el desastre de Cuba y Filipinas el miedo se expande e inunda los corazones de los españoles. Una potencia emergente y apenas conocida era capaz de llegar a nuestras costas y continuar ''el fin del mundo iniciado en ultramar''.

Muchos habitantes de la Bahía huyen hacia el interior abandonando la costa. Tal es la psicosis que el Duque de Nájera, a la sazón gobernador militar de Cádiz, ordena demoler el faro histórico de Cádiz y recortarlo para que en caso de ataque no pudiera ser un punto de referencia desde el mar y ofrecer una guía para el bombardeo enemigo. Una década después se construiría a pocos metros de éste el nuevo faro que hoy nos alumbra.

Con más de un siglo de por medio, hoy nos parece exagerado lo que ayer fue precavido. En un fin de ciclo en el que las dos Españas aún pugnaban por dirigir el rumbo de una nación perdida en su propia identidad, lo que no ha cambiado su sentido ni un ápice es la cita de Bismark: ''España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido''. Ya va siendo hora de empezar de nuevo, de la España que bosteza a la que quiere vivir y a vivir empieza.

 


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