Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El triunviro romano y primer turista de la Costa del Sol

Marco Licinio Craso marcó la historia de la humanidad en el afamado primer triunvirato de Roma junto con Julio César y Pompeyo. Menos conocida fue su estancia en el apacible espacio malagueño del Rincón de la Victoria donde permaneció un tiempo a salvo de las tumultuosos conflictos civiles de la República romana
Manolo Sánchez
5/04/2019
Cádiz

Reconocida la ascendencia de Trajano y Adriano como hijos de Itálica, y mucho antes que Craso y su garza blanca, la ciudad federada de Gades consagro su devoción a Roma cuando unos doscientos años antes de Cristo despreció a Magón a sus puertas para transferir de cartagineses a romanos una amistad “eterna”.

La Baetica fue tan romana que aunque estuviera situada en los confines del Imperio, la antesala del más allá, era una tierra tranquila, amable y sin los sobresaltos del norte y del este. Numerosas ciudades de toda Hispania emparentaron del alguna u otra forma con Roma. Muchos años después, el propio emperador Adriano se asombraba que Gades pidiera a Roma su reconocimiento como colonia, cuando ya eran ciudades hermanas desde hacia mucho tiempo.

Consideraron su tierra la tierra que pisamos y, como una habitación mas de su casa, recurrieron a ella haciéndola parte de los grandes pasajes de su historia.

Ochenta años antes de que naciera Jesucristo, Mario y Sila se enfrentaban en una guerra civil que desolaba Roma. Entre los muchos jóvenes que crecieron y afloraron en esos tiempos de rapiña y pillaje afloro un treintañero llamado Marco Licinio Craso que se había hecho rico básicamente con la extorsión y la usura (creó una brigada de bomberos y una incendiaria para dar trabajo, quedándose él con los beneficios de todo el siniestro).

No habiendo llegado a ser el hombre más rico de Roma aún, como lo fue en la época del Triunvirato con Julio Cesar y Pompeyo, era reconocido como un hombre adinerado pero sobre todo muy avaricioso. Tal fue su fama que tuvo que huir, durante esa guerra civil, a un lugar seguro a salvo de las garras de Cinna y Mario.

Y cayó en Málaga, en el Rincón de la Victoria. Cuenta Plutarco en sus “Vidas Paralelas” que habiendo sido asesinados sus padres y hermanos, se oculto en una cueva de la zona durante mas de 6 meses con tres amigos y 10 esclavos. Fue provisto de alimentos por un tal Vivius Pacciechus, vecino de la antigua Via Emiliana o Bizmiliana de la época romana del Rincón de la Victoria, que además le surtía de otras distracciones mas placenteras. Una especie de Jesús Gil en Marbella, en la piscina del paraíso de una Costa del Sol sin especulación urbanística…

Craso volvió a Roma en cuanto se apaciguaron las aguas a buscar la gloria eterna en un futuro incierto, Pero lo que no sé, aunque lo doy por seguro, es que se fue con una pena mu grande…

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