Calle Nueva
José Joaquín León

El turrón de Cádiz

Sería lógico que los turrones elaborados en otras provincias no lleven el nombre ‘De Cádiz’, que debería ser una denominación de origen
José Joaquín León
9/12/2014
Cádiz

El turrón de Cádiz es un producto típicamente gaditano del que se han apropiado en otras ciudades. A ello ha contribuido que algunas empresas fabricantes de mazapán de Toledo lo han comercializado bajo la denominación de pan de Cádiz, e incluso de mazapán de Cádiz. Aunque los gaditanos nacen donde les da la gana, no es de recibo que ese producto nacido en Toledo se haga pasar como propio de Cádiz. Lo que se elabora en Toledo es un mazapán de frutas confitadas, que imita a un producto típico gaditano, pero que no puede ser “de Cádiz”, al realizarse en fábricas situadas en otra provincia y en otra comunidad autónoma.

Lo lógico sería que existiera una denominación de origen oficial para el turrón de Cádiz, que preservara su derecho de elaboración in situ y permitiera comercializarlo mejor. En la actualidad, los turrones blandos que no se elaboran en Jijona (Alicante) no pueden ser denominados de Jijona, y los turrones duros que no se elaboran en Alicante tampoco pueden ser denominados de Alicante. Ello es debido a que existe un organismo regulador que otorga la concesión tan sólo a los fabricantes ubicados en un determinado ámbito territorial. Es lo mismo que sucede con las denominaciones de origen de los vinos, para evitar que se produzca un Rioja en Albacete, o un Ribera del Duero en Murcia. También sucede con los quesos y otros productos alimenticios.

Al turrón de Cádiz incluso le cambiaron el nombre en Toledo para asemejarlo a su mazapán. Pero en la capital gaditana se le nombraba tradicionalmente como turrón de Cádiz. Así se le conoció en los años 50 y 60, cuando el pastelero gaditano Antonio Valls Garrido lo popularizó en la confitería Viena, que estaba situada en la calle Novena, esquina a San Miguel. Ahí se hizo famoso y se adquiría, hasta que cerró la pastelería con su salón de café. Hasta nuestros días ha llegado gracias a obradores como La Gloria, El Pópulo, Alameda o Don Pan, además de otras pastelerías de diversos municipios de la Bahía. En Cádiz siempre se ha vendido como un producto artesano, que apenas ha entrado en los circuitos comerciales de los grandes hipermercados, donde sí es fácil encontrar el pan de Cádiz toledano.

La historia del turrón de Cádiz es confusa. Algunos la remontan al siglo IX, en tiempos árabes, a cuya dulcería se asemeja. Otra versión más próxima a la leyenda que a la realidad la sitúa en la invasión francesa de principios del siglo XIX: ante la falta de pan por el asedio, se habría elaborado un mazapán con almendra acumulada en la Aduana. En todo caso, sí consta que en el XIX se elaboraban unos bollitos de mazapán con fruta, que fueron la inspiración de Antonio Valls para el turrón de Cádiz de la pastelería Viena.

Aunque hoy se vende en las confiterías de Cádiz como un producto típico que sirve de souvenir para turistas, y aunque se adquiere por los gaditanos para consumirlo en las mesas navideñas, este turrón no está suficientemente difundido, ni en absoluto protegido como una marca comercial de la ciudad.

Puede que en ello haya influido que se ha considerado como un producto tradicional, más que comercial a gran escala. Sin embargo, el aprovechamiento de los dulces típicos de otras ciudades es mucho más ventajoso que el de nuestro turrón de Cádiz.


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