Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

La corrida de toros de Cádiz presidida por un rey portugués

Las autoridades de Cádiz agasajaron al monarca lusitano con una lidia en la zona conocida como “El Hondillo”, donde se encuentra el Edificio Amaya, sigue llamándose así y recordada por los famosos caracoles de “La Palma del Hondillo”
Manuel Sánchez
22/07/2016
Cádiz

Cuando la religión ilumina al ser humano para convertir un ser piadoso en un devoto justiciero, las consecuencias pueden ser fatales. Es el caso de Sebastiao de Portugal, el rey que descabezó su reino por una visión.

Nieto de Carlos I de España y, por tanto, sobrino de Felipe II, Sebastiao llegó a ser rey incluso antes de nacer. Mientras, su abuela y su tío abuelo se hicieron cargo de los designios de una nación unida intrínsecamente a la española. La lucha contra el poder turco era la máxima que regía cualquier decisión política de una época marcada por la Contrarreforma y el absoluto atrincheramiento en las férreas doctrinas católicas.

Influenciado por los Jesuitas, fue un místico al que no se le conoció mujer pero si numerosos acompañantes masculinos. Víctima de una genética consecuencia de numerosos matrimonios entre miembros de la misma familia, Sebastiao era un niño frágil que creció sin referentes. Tuvo solo 4 bisabuelos (cuando normalmente se tienen 8). Su obcecada visión de un mundo sin infieles le llevó a plantear por su cuenta la lucha contra el Islam en unos momentos que no eran los más idóneos. Incluso la mediación de Felipe II no consiguió apartarlo de su idea de combatir al moro en Marruecos.

Sus numerosos intereses en África lo llevaron a constituir un ejército de unos 20000 hombres, algo que de por sí Portugal no lograba reunir entre sus habitantes, por lo que tuvo que pedir ayuda a mercenarios y a otros reinos. Embarco en Cádiz, una vez fue invitado por la familia Marrufo a pasar unos días, donde se le obsequió entre otras cosas con una corrida de toros en la zona conocida como “El Hondillo”. Esta zona, hoy cubierta por el Edificio Amaya, sigue llamándose así y recordada por los famosos caracoles de “La Palma del Hondillo”.

Tras estos obsequios, embarcó en Cádiz para hacer la guerra contra el turco atacando desde Tánger. El Ejercito de Sebastiao era lento, con numerosas caravanas de esclavos, prostitutas y sirvientes. Esto sirvió en bandeja la victoria musulmana, que sesgó la flor y nata de la nobleza portuguesa y hasta el mismo Sebastiao encontró la muerte en dicha batalla. Su muerte sin descendientes provocó la crisis sucesoria que desembocaría en la cesión de la corona portuguesa a Felipe II de España.


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