Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

La liberación de Cádiz

Cádiz tiene la sana costumbre de celebrar públicamente sus alegrías y sus penas. Es un carácter propio y acostumbrado a un clima propicio y una disposición que denota una forma de ser y de existir. Un fallido asalto turco en 1574 demuestra una vez más la longevidad de esta forma de ser
Manolo Sánchez
17/10/2014
Cádiz

Corría el año 1574 cuando el poderío turco se apostaba frente a las costas de Cádiz, a la altura de lo que se llamaba la Casería y la almadraba de Hércules (hoy en día Torregorda) para quemar la ciudad hasta sus cimientos, como harían los ingleses poco después. Y los gaditanos, deseosos de defender lo que era suyo, salieron en tropel a pie, a caballo o en barco, pero siempre arma en mano, para enfrentarse a los moros. Llegan hasta la almadraba de Hércules y logran una victoria aplastante, datándose en este hecho la primera nota de una defensa de la ciudad con cañones, que llevaron prácticamente en peso hasta el lugar.

Los moros intentaron una razzia en unión de otras embarcaciones, y consiguieron algunos cautivos de la almadraba. Pero las consecuencias no llegaron a más gracias a la rápida difusión de la noticia dentro de los muros de la ciudad, lo que posibilitó la rauda movilización de las compañías al mando del Corregidor Pedro Obregón. Al rayar el alba pudieron sorprender los gaditanos una embarcación musulmana encallada en la arena cuando intentaba huir precipitadamente, atenuando así los estragos mediante el intercambio de la misma, de su tripulación y pertenencias, por los hombres y objetos robados por la morisma.

Ante eso, van a volver a la ciudad de Cádiz y van a recorrerla poco a poco, lentamente, en una procesión cívica entre los vítores de aquellos gaditanos que se quedaron en la ciudad y se sentían a salvo gracias a las tropas gaditanas. Así, entre el jolgorio y la alegría propios de la victoria, y acompañados por el Obispo y del Clero se encaminaron hacia la Iglesia de Santa Cruz. Durante casi un mes, los banderines y banderas que enarbolaban los barcos turcos decoraron los muros de la Iglesia de Santa Cruz para festejar aquel final de procesión cívica de la defensa de Cádiz. Dicho episodio, se puede contemplar en un hermoso cuadro del Museo de Cádiz pintado por Alejandro Ferrant llamado “Acción de armas de los gaditanos contra los moros”.


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