Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

La mágica cueva de las Orcas

En lo alto de Zahara de los Atunes se encuentra una hendidura en la roca que fue santuario prehistórico
Manolo Sánchez
12/10/2018
Cádiz

En una era en la que se acuñan términos como los de “nativos digitales” (o aquellas personas nacidas en la era digital), explicarle a éstas que no había alarmas que te despertasen para ir a trabajar o sacar el asado del horno se antoja complicado, más si cabe si tienen que entender que se vivía sin problemas y así fue desde siempre.

Porque desde siempre fue que la cabra tira al monte, y el atún al estrecho. Desde que se tiene conocimiento, estos animales surcan las aguas buscando el paso al Mediterráneo para desovar.

Los antiguos pobladores de estas tierras reconocían este hecho, sobre todo porque no eran los únicos que esperaban su paso. Las orcas, grandes degustadores del atún rojo, también esperaban el paso para cazar. Es por ello que con estos indicios concluyeron en poner una alarma para su paso.

En lo alto de Zahara de los Atunes se encuentra La cueva de las Orcas, una hendidura en la roca que fue santuario prehistórico, concretamente del neolítico. En ella se talló un saliente en la entrada para que cierto día del año, en el solsticio de invierno (Sagitario) y en el equinoccio de primavera (Aries) la luz que entraba (la cueva esta orientada a poniente) incidiera directamente sobre unos dibujos pintados sobre la pared (entre los que vislumbran atunes, orcas , caballos…)

En estos dibujos se reconocen un atún, y para asombro de algunos, el signo zodiacal de Aries (una V abierta) que curiosamente las orcas tienen sobre la piel, y que además curiosamente se llamaba así en el Mediterráneo a dicho animal.

Cuando llegaba el 21 de marzo el sol, casi como en una película de Indiana Jones, se posaba sobre los dibujos pasando por la hendidura hecha a mano, para señalar que era el momento de recoger los atunes varados que las orcas, después de una larga lucha, cazaban en la orilla que hay justamente debajo de la cueva.

Una alarma de una exactitud incontestable y que, además, no necesita pilas. Aún sigue avisando.

 

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