Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

La ruta a Tartessos

Avieno describió en un poema llamado Ora Maritima un manuscrito de unos mil años antes, que pretendía ser un canto para que los navegantes no olvidaran los accidentes geográficos que había desde Marsella hasta casi Galicia, pero haciendo especial mención y detalle sobre la costa gaditana
Manolo Sánchez
30/11/2018
Cádiz

Sabemos por la antigüedad clásica que nuestras costas siempre fueron tierra mítica para los griegos y para todos aquellos navegantes mediterráneos. El sol que salía por el este y se ponía por el oeste iba a desaguar justo por el único punto por el que se abría a la inmensidad ese vasto charco de agua que era para ellos el mar Mediterraneo.

Era el Non Plus Ultra, la tierra de los últimos trabajos de Hércules y por tanto un lugar mágico, especial y poco accesible. Y no solo era poco accesible por la dificultad para los navegantes griegos de gobernar barcos en el Atlántico. Debía ser inaccesible por lo estratégico del punto en cuestión. Era el fin del mundo para ellos… y el principio del nuestro. Y es que aquí confluían la dos mundos: el oriental y el atlántico. Y confluían para comerciar con el metal más importante en la antigüedad: el estaño. Sin el no se podían hacer armas, lo que daría la edad del bronce.

Esa pudiera ser la increíble y fastuosa fama de Tartessos, que ha llegado hasta nuestros días como un reino lleno de riquezas. Tartessos comerciaba con dicho material en una escala última de una ruta que se iniciaba por toda la costa atlántica, que es donde se da el estaño, y era aquí el lugar escogido por aquellos navegantes que traspasaban con mas miedo que afán el estrecho para navegar por un peligroso mar.

Esta ruta debió ser un secreto de máxima seguridad para los griegos. Y llegar hasta aquí un secreto de estado. Es por ello que Rufo Festo Avieno describió en un poema llamado Ora Maritima dicha ruta. Copió un manuscrito de unos mil años antes que pretendía ser un canto para que dichos navegantes no olvidaran los accidentes geográficos que había desde Marsella hasta casi Galicia, pero haciendo especial mención y detalle a la costa gaditana, donde describe a la perfección el cabo de Trafalgar, los acantilados de Roche, la playa de los Lances, la laguna de la Janda, la sierra del Fates y de la Plata... hasta la aceitera. Y a partir de ahí una ruta interior hasta llegar a una isla fluvial donde sitúa a Tartessos. Allí esta. Para el que quiera leerlo.

 

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