Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Los idus de Marzo

Tal día como hoy, a los pies de una estatua de Pompeyo, murió asesinado por 23 puñaladas Cayo Julio Cesar en lo actualmente es el área arqueológica de Torre Argentina en la capital romana, y en el que se asienta un bloque de hormigón que en su día fue homenaje al dictador
Manolo Sánchez
15/03/2019
Cádiz

El 15 de marzo hace 2.063 años de la muerte de uno de los mayores revolucionarios de la Historia. Ésta aún se debate entre su papel como héroe o villano. Y no se aclara. Lo que si es evidente es que a día de hoy, desde el calendario hasta en los meses del año, seguimos recordándolo. Sin saberlo. Hoy, 15 de marzo, son los Idus de Marzo. Tal día como hoy, a los pies de una estatua de Pompeyo, murió asesinado por 23 puñaladas Cayo Julio César.

En el área arqueológica de Torre Argentina, justo al lado de una parada de autobús y tranvía donde a diario miles de turistas se paran y desplazan, cubierta por otros restos arqueológicos y algún que otro gato que reposa entre la hierba y el verdín, se asienta un bloque de hormigón que en su día fue homenaje. Así lo entendió el César Octavio Augusto, que decidió que ese sería el material que mejor soportaría el paso del tiempo para que no se olvidase el lugar exacto donde se asesinó a su padre político por adopción (realmente el hijo de su sobrina). Allí murió Cayo Julio César.

Aquel día César ya venía avisado. Su mujer le advirtió de tremendas pesadillas en la noche que presagiaban lo peor. Además Espurina, summus aruspice, advirtió a César que se cuidase de los idus de Marzo, que podrían ser fatales para él.

La realidad era evidente. César era un noble romano de la Casa Iulia que se había criado por avatares del destino en el barrio de la Subura, un barrio muy peligroso y lleno de extranjeros. Una mezcla explosiva. En una Roma carcomida y vetusta en su patriciado, sin meritocracia y dirigida por los niños de papá, César tenía la mezcla perfecta Eso conformó a una bestia con apellido que desde pequeño había visto y sentido como el pueblo de Roma. Los conocía, hablaba su lenguaje y era el favorito el pueblo. Con razón su tío Sila espetó como advertencia cuando tenía pocos años : “Veo en él a muchos Marios”.

Tras una serie de episodios en los que demostró sobradamente sus capacidades militares, políticas y administrativas y habiendo demostrado ser más capaz que el resto de su oposición, Cesar aceptaba a regañadientes el titulo de “Rex” que le gritaban por las calles a su paso. Roma era una República precisamente por acabar con la tiranía muchos siglos atrás. Roma se gobernaba por dos cónsules renovables cada año, no por un rey. El detalle no pasó por alto a ninguno de sus opositores. Un Rey no era posible para Roma.

Realmente detrás lo que existía era un grupo de mediocres nobles que veían como perdían poder y posesiones a favor del pueblo, en una política hasta entonces desconocida para los romanos: gobernar para los débiles.

Esa mañana César se encaminaba a una reunión del Senado en la Curia Pompeya (erigida por Pompeyo, su amigo, cuñado y oponente derrotado) donde se le darían poderes para guerrear contra Mitridates del Ponto, un enemigo de Roma que se había sublevado y que había derrotado a los romanos en varias ocasiones. La lectura de los Libros Sibilinos despejó dudas: Solo un rey podía derrotar a Mitridates. Eso sentenció a César

Varios de sus opositores se reunieron para conspirar el plan. Cayo Casio, Marco Bruto y Décimo Bruto… pero una mano simbólica debía darle honor al hecho. No era un asesinato para eliminar a alguien capaz. Era un ajusticiamiento para eliminar un posible Rey. Debía ser Marco Junio Bruto uno de los “justicieros”. El que fuera para César más que un hijo. El que fue el novio de su hija Julia desde pequeño… el que se reconocía como descendiente de aquel Junio que expulsó al último Rey de Roma.

Nada más entrar en el Senado, los conjurados lo rodean. El primero en acercarse es Cimber Telio para hacerle un ruego que César no acepta. Le coge de la toga y tira de ella pero César se revuelve, su persona era jurídicamente inviolable, no se le podía tocar... y ahí empezó la orgía de sangre. Casca le apuñaló primero bajo la garganta… La última en los testículos. Según Suetonio, de las 23 puñaladas solo la segunda fue mortal. César juntó las fuerzas que le quedaban para taparse la cara con la toga, a los pies de la estatua de Pompeyo Magno… Dos grandes romanos devorados por la propia Roma.

Hoy el lugar lo recuerda un bloque de hormigón que pusiera Cesar Octavio Augusto. Encima de él reposan los gatos romanos. Sin César, la Historia no hubiera sido como es. Porque al final, su legado lo recogió Octavio Augusto que se consagró como el primer César de Roma. O lo que era lo mismo, un reinado encubierto.

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