Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez
En la época fenicio púnica

Los sacrificios de niños en Cádiz

En el espacio donde estuvo el castillo de San Sebastián se alzaba el Templo de Baal Amon, donde se inmolaban los bebes primogénitos de las familias de la ciudad, a través de una estatua del dios Moloch que estaba hueca por dentro y con una hoguera en su interior
Manuel Sánchez
29/04/2016
Cádiz

Hablar de Cádiz y su historia es hablar de la Gades romana. De ella se destilan nombres tan importantes como el de los Balbo. Pero esos nombres no eran enteramente romanos, estaban romanizados ya que Gades antes que romana fue púnica y fenicia. De hecho Balbo es una romanización de Baal, uno de los más insignes dioses fenicios.

En el islote donde se sitúa el castillo de San Sebastián en su época estuvo el Templo de Baal Amon. Fue un dios fenicio que incluso los cartagineses (los nuevos fenicios) también lo adoraron. Era un dios un tanto especial en su rito. Sabemos que se le ofrecían niños en sus ritos y a la hora de hacerle peticiones. Eran sacrificios infantiles los que el dios “exigía” a la hora de ser condescendiente con sus fieles. Pero cuidado, no eran precisamente los niños de las familias más pobres los que eran sacrificados. Baal requería de las familias más adineradas y mejor posicionadas sus mejores vástagos. Y sus familias los ofrecían voluntariosamente.

En el templo de Baal se encontraba una estatua del dios Moloch que estaba hueca por dentro y con una hoguera en su interior. La figura tenía los brazos extendidos con las palmas hacia arriba y estaban articulados para que hicieran el movimiento de llevarse a la boca, la cual estaba articulada, la ofrenda en cuestión.

La criatura caía en la hoguera mientras su familia, que debía estar presente, tenía prohibido llorar. Para mitigar u ocultar los efectos que los gritos del niño pudieran hacer entre los asistentes (si es que los había), una pequeña “orquesta” musicaba la ceremonia y así atenuaba los efectos de Moloch.

¿Por qué un bebe? Porque entendían que el sacrificio humano era menos cruel si se ofrecía figuras poco impregnadas en materia, es decir, con poca vida a sus espaldas. De hecho cuando Roma va a tomar Cartago, los cartagineses van a ofrecer unas 30 victimas al dios Baal, costumbre que Roma abolió en todo su territorio una vez conquistado.

El cristianismo hizo un sincretismo religioso de su figura, que se concretó en la del demonio cristiano. De hecho los romanos incluso lo adaptan a Saturno (que devora a sus hijos). No hay nada nuevo bajo el sol.

publicidad