Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Segismundo Moret

La tradición de oradores que tiene la ciudad de Cádiz es extensa. Entre los máximos exponentes de este arte tenemos cómo no, además de Emilio Castelar, a Segismundo Moret. Ambos dirigieron los designios de la nación en la segunda mitad del siglo XIX y dejaron un legado del que hoy contamos una graciosa anécdota
Manuel Sánchez
5/12/2014
Cádiz

Segismundo Moret y Prendergast (Cádiz 1833-Madrid 1913) fue un político español del Siglo XIX nacido en Cádiz y que desde 1863 -fecha en la que obtuvo su escaño como diputado independiente por la ciudad de Almadén en Ciudad Real-  hasta 1913 cuando era Presidente del Congreso de los Diputados, nunca dejó su actividad política.

Rivalizó en buena lid con Emilio Castelar por ser la figura oratoria prominente del Siglo XIX, en un tiempo en que la Retórica no estaba en desuso y las buenas palabras y la construcción del discurso a la hora de dirigirse a un auditorio eran motivo de orgullo y una honorable exigencia personal y estética.

Tal era el grado de importancia que se le confería a este arte, que a Moret no le gustaba leer ningún discurso, como es costumbre en ciertos círculos a la hora de presentarse o entrar en ellos. Con tal demostración y dominio acomplejaba y anestesiaba a sus oponentes, ya que el mismo hecho de contar y no leer provoca mas atención, asimilación y admiración.

En cierta ocasión lo hicieron académico de la Real Academia de Historia y le encomendaron un discurso de entrada en la Academia para el día de su ingreso. El lo postergaba cada vez mas tiempo, porque como ya dijimos, no le gustaba leer y en las Academias los discursos de ingreso se hacen siempre leídos.

Tal fue la insistencia del Presidente de la Academia que Moret se dispuso a hacerlo y llegó a la Academia con su taco de folios bajo el brazo y su discurso preparado. Empezó el acto y Moret no defraudó. Leyó su discurso pasando hoja tras hoja sin vacilación consiguiendo emocionar a los asistentes. El éxito se vio recompensado con los vítores y aclamaciones que al terminar, prácticamente no dejaron a Moret ni recoger sus cosas, por lo que el discurso quedo en el atril de la tribuna. Cuando los ujieres recogieron la sala vieron los folios de Moret allí encima y los recogieron, contemplando con sorpresa que estos estaban en blanco.


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