Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Un alcalde con cara

No dudó en engañar a todos los académicos y estudiosos del mundo con una noticia de gran repercusión: en un baratillo de Cádiz había encontrado un escrito inédito de Miguel de Cervantes
Manolo Sánchez
6/09/2019
Cádiz

No existe agonía ni ambición comparable al apetito voraz por la cultura. Es un hambre que nunca cesa, un deseo irrefrenable por saber más, por un mayor acopio de libros, por un acceso permitido a círculos literarios y élites culturales.

De ese mal sufrió en silencio un alcalde gaditano, Adolfo de Castro y Rossi. No tuvo la infancia deseada ni la riqueza necesaria y, debido a ello, se abrió paso gracias a su talento inusitado y su vasta cultura.

Pero ese anhelo y esa osadía pretenciosa y llena de vanidad le valió para ser el protagonista de uno de los mayores escándalos literarios de la época. Ese anhelo le pedía una mayor notoriedad y no dudó en engañar a todos los académicos y estudiosos del mundo con una noticia de gran repercusión: en un baratillo de Cádiz (ni más ni menos) había encontrado un opúsculo inédito de Miguel de Cervantes Saavedra… ¡una nueva obra del autor del Quijote!

Como articulista de prensa y copista en la biblioteca de Colombina de Sevilla era un experto en la lengua castellana, por lo que además sabía imitar perfectamente la letra y el estilo de Cervantes. Aprovechó que el autor del Quijote había comentado que había muchas obras suyas sin firmar para 'colar' esta obra como original.

Así, presenta el hallazgo en sociedad que inmediatamente se publica y se traduce a muchas lenguas. La academia de la Lengua Española se lo traga y lo publica conjuntamente con el Quijote.

Pero ¡ay!... en Boston un eminente hispanista y filólogo desmonta su versión y explica que ese opúsculo no era de Cervantes, dando pié a uno de los mayores escándalos literarios de nuestra historia.

Su veracidad y honradez estaba en discusión pero él ya había logrado acceder a las cotas más altas de la intelectualidad española, a la biblioteca de Autores Españoles, incluso la Real Academia de la Lengua le encarga un diccionario que solamente completa hasta la letra C, entra en la Real Academia de la Historia…

Su aportación, saber y adoración al mundo del Quijote se tradujo en una corriente cervantina en Cádiz que rememoraba en la iglesia de Santiago el entierro de Cervantes, algo que se copió en otras ciudades y dio lugar a que se leyera el Quijote todos los 23 de abril, y a la tradición de comprar libros y regalarlos.

Siempre mantuvo la autoría y nunca admitió su engaño (sólo en alguna ocasión admitió haber tenido un “error de juventud”) hasta el fin de sus días.

Cuando él muere, su esposa pide los derechos de autor porque no tenía para comer. La Real Academia le respondió que no había derechos que dar, ya que Adolfo de Castro siempre mantuvo que era una obra de Cervantes. Murió en Cádiz. En la calle Cervantes.


publicidad