Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Un retrato accidentado

Goya se dirigió a su despacho, cogió una espada (otros dicen que una pistola) y se revolvió contra Wellington
OCádizDigital
26/10/2018
Cádiz

Los generales de las guerras napoleónicas corrían un riesgo elevado en le campo de batalla. Podían morir de muchas formas, ya fuera de una bala, de un cañonazo, por el asalto de la caballería… Por ello ponían todo tipo de detalles que confirmasen su seguridad.

Arthur Wellesley, duque de Wellington, luchó en Holanda, Dinamarca, la India, Portugal y en Bélgica, en Waterloo. Su vida corrió peligro en numerosas ocasiones, pero lo que no podía esperar es que cuando más cerca de la muerte estuviera fuera en Madrid en el estudio de Francisco de Goya y Lucientes.

En plena guerra de la Independencia y recuperada Madrid, y siendo Wellington nombrado generalísimo de los ejércitos aliados españoles y portugueses, mostró el deseo de ser inmortalizado por el genial Goya.

Wellington posó para el retrato. Se reconocía al duque por ser una persona adusta y seca, y algo que vio en el retrato no le gustó y lo expresó con cierta contundencia y frialdad.

No sabemos si Goya sabía inglés o Wellington lo expresó en castellano, lo cierto es que Goya también era reconocido por su mal carácter. El gesto de Wellington no fue de su agrado y Goya se dirigió a su despacho, cogió una espada (otros dicen que una pistola) y se revolvió contra el duque con la intención de matarlo. Parece ser que los ayudantes se interpusieron y lograron separan dichos contendientes.

Un siglo más tarde, el 21 de agosto de 1961, el retrato fue robado de la National Gallery por un chico que deseaba ayudar a su padre en una campaña a favor de que los pensionistas no pagaran la televisión en Inglaterra. El hecho fue tan sonado que hasta aparece en la trama de James Bond, 'Agente 007 contra el doctor No'

publicidad