Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

'Vino de Cádiz'

Haber actuado en Cádiz otorgaba esa distinción indispensable de los que se hacen grandes en las grandes plazas
Manolo Sánchez
24/05/2019
Cádiz

Emilio Cotarelo y Mori fue un musicólogo, bibliógrafo, crítico e historiador literario español. Un discípulo de Marcelino Menéndez Pelayo que entre su extensa obra cabe destacar un trabajo sobre Ramón de la Cruz en el que se incluye un exhaustivo catálogo de compañías teatrales del siglo XVIII, donde se recogen los artistas de las compañías que actuaban en los teatros de la corte, como los teatros de la Cruz y del Principe.

Junto con la 'Guía comentada de música y baile preflamencos' Barcelona, 2008, Ed. Carena, de Faustino Núñez pone de manifiesto una constante de esta ciudad. Un típico tópico que enorgullece a la mayoría y avergüenza al resto. Empecinados en hacer de esta ciudad lo que no es, una ciudad carente de historia y estímulo artístico. Desde las “puellae gaditanae” y la” iocosa Gades” de Marcial, la ciudad tiene un vínculo indisoluble con el arte, la gracia, la sal y el misterio del “duende”, que Lorca explicó tan acertadamente como “los sonidos negros del alma”.

Una ciudad en completa ebullición artística y en pleno corazón de ambos mundos, como lo fue Cádiz en el siglo XVIII, se convirtió en referente no solo comercial, sino también musical, en un mundo en el que se entremezclaban los viejos sones castellanos con la música proveniente de América y una nueva amalgama artística que posteriormente cristalizaría en lo que hoy llamamos Flamenco. Así pues, los artistas que aquí actuaban en la multitud de teatros de la ciudad podían considerarse, sino los mejores, los que tenían más aptitudes. Y entre esas piezas de zarzuela, tonadillas y sainetes se colaba términos pre-flamencos que buscaban por primera vez ponerle nombre a las piezas tan populares que se cantaban en las calles. Es el caso de Tomás Abril, autor de “La Anónima”, tonadilla en la que se cita por primera vez la palabra “tango”.

Pues bien, dichos artistas que estudió Cotarelo y que actuaban en Madrid, en la corte, cuando se realiza su catalogó buena parte de ellos procedían de Cádiz según Cotarelo, ya que no dudaba en apuntarse al lado de su nombre la reseña “vino de Cádiz” como seña artística de calidad y garantía, en el caso de que no se tuvieran referencias una vez presentados los artistas en la corte. Haber actuado en Cádiz otorgaba esa distinción indispensable de los que se hacen grandes en las grandes plazas. Hasta 50 veces se repite en las más de 80 temporadas que van de 1757 a 1794. Como dice Faustino Núñez “es en esa capital donde se interpretaba más y mejor este repertorio, cantera de tonadilleros y, un siglo después, de los primeros flamencos”.

Sería conveniente no olvidarlo en estos tiempos de promesas y elecciones. Sería conveniente no olvidar lo que fuimos y lo que somos, sin que nos avergoncemos. Sería conveniente entender que nosotros sólo estamos de paso, y que la esencia de esta ciudad siempre fue una garantía de calidad. Bastaba con decir que vino de Cádiz.


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