Cruz de Guía
Guillermo Riol

Caridad y solidaridad

Las llamadas "operaciones kilo" son la práctica habitual de las Hermandades, que destinan sus escasos recursos para ayudar a esas familias que tienen que cubrir las necesidades básicas
Guillermo Riol
15/10/2014
Semana Santa

A nadie se le escapa las dificultades por las que están atravesando miles de familias que a falta de recursos económicos suficientes, se les hace casi imposible satisfacer una de las necesidades básicas del ser humano que es poder alimentarse.

Dicho así, parece algo que a base de escucharlo diariamente se nos ha hecho habitual llegándose incluso a límites de indolencia. Nada más lejos de la realidad.

Si bien es cierto que las ayudas públicas no llegan a todos y en muchos casos ni siquiera llegan, hay que reconocer la gran labor solidaria que llevan a cabo las Hermandades y Cofradías que dieron un paso firme al frente, saliendo en ayuda de esas familias que tienen que cubrir esa necesidad básica del alimento.

De un tiempo a esta parte, no hay ninguna corporación penitencial o de gloria que no organice actos y eventos solidarios, en los que el único tributo a pagar sea un kilo de alimentos.

Gracias a estas iniciativas, el sistema no ha hecho "crack" como se dice habitualmente. Miles de personas acuden diariamente a parroquias y casas de hermandad, en demanda de esos productos que palien el sustento diario.

Las llamadas "operaciones kilo", son la práctica habitual de las Hermandades, que destinan sus escasos recursos para mitigar dichas carencias. Pero a esta práctica, hay que añadir las ayudas para gafas, material escolar, productos de higiene, artículos para bebes, campañas de recogida de juguetes, ropa, etc.

Sería interminable la lista de ayudas de unas corporaciones sin ánimo de lucro con unos muy escasos recursos y que ponen su trabajo y esfuerzo al servicio de los demás.

Aún así, son criticadas y en muchos casos humilladas por un sector de la población que se queda en lo superfluo y en lo estético, sin profundizar en la realidad del día a día.

Seamos justos. Reconozcamos esa labor y pongamos en valor el gran trabajo que llevan a cabo. Pensemos que, a lo mejor, a quien tenemos cerca está comiendo gracias al esfuerzo que las Cofradías están haciendo, y no critiquemos el color y lo que han costado las flores que lleva el paso.

 


Otros artículos

publicidad