‘Virgen del Valle’ sonaba en Santa Cruz y el cortejo postrero se ponía en la calle. Clasicismo y sobriedad eran las notas predominantes de la procesión que marcó el Sábado Santo y que, imprevisiblemente, contó con más pasos en la calle. Y es que las lluvias del pasado Martes Santo obligaron a dos hermandades a quedarse en la Catedral con la condición de que el Sábado Santo por la mañana volverían a sus respectivos templos. 

 

El Señor está ausente, muerto, y la Iglesia desnuda y oscura. El luto de la cristiandad comenzó ayer con un Viernes Santo que Cádiz vivió de forma vibrante. Las tres cofradías de la jornada salieron a la calle en cuidados cortejos que se movían entre la fiesta y el riguroso luto. Todas las hermandades de la jornada tenían como titulares a Cristo en la Cruz, pero el carácter de cada una marcaba la diferencia. 

 

La Iglesia conmemoraba el día del Amor Fraterno. Y precisamente eso fue lo que hubo en las calles de Cádiz: amor, devoción y fervor en las jornadas grandes de la Semana Santa, marcadas por las grandes devociones de Cádiz. Jueves Santo y Madrugá, marcadas también por el contraste entre lo sobrio, lo festivo y lo clásico. Porque, precisamente la primera que llegó ayer a la Catedral fue la hermandad clásica de la jornada.

 

Por fin, el foco de atención estuvo ayer donde debía: en unos cortejos procesionales lucidos y no en miradas preocupadas al cielo. La estabilidad meteorológica ha llegado para quedarse y fueron las hermandades del Miércoles Santo las que pudieron disfrutar de un día frío pero despejado y que permitió el lucimiento en la calle. Fue la hermanad de Luz y Aguas la primera en comprobar esta realidad. Lo hizo en una plaza Fray Félix entregada, llena de público con ganas de contemplar la salida de la única cofradía de Cádiz con tres pasos.

 

El viento azuzaba las palmeras de la plaza de la Catedral y las cofradías del Martes Santo respiraban tranquilas: los pronósticos disipaban el riesgo de lluvias. Con esa premisa de partida, nadie esperaba lo que iba a ocurrir horas después. Cuando Jesús Caído hacía Estación de Penitencia en la Seo, un chubasco comenzaba a aguar la jornada. Era tan solo el anticipo de lo que vendría, fuertes precipitaciones que obligaron a Columna y a Ecce Homo a quedarse en el primer templo diocesano. 

 

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